Jamón Crudo

(Cuento)

Esto del apocalipsis me tiene podrido, Roly. Desde que me acuerdo, el fin del mundo viene, viene…pero no llega. Es peor así, ¿no te parece? Es como cuando le escupí el chicle en el pelo al gordo Manrique. Acomodate el barbijo que los clientes no quieren entrar si te ven así, no seas boludo, no sé para qué te lo bajás, no estamos tomando mate. Aparte, te lo bajás a cada rato como si fueras a hablar ¿se te curó la mudez?, ¿milagro en pandemia? No te lo digo más, sino andate al puesto de diarios y no rompas las pelotas acá. Bueno, entonces dejate el barbijo y no me hagas enojar.

Me hiciste perder, ah, sí. El gordo Manrique, cuando me dijo que a la salida me iba a romper la cara. Recién entrábamos, faltaba un día entero de clase para salir. Qué manera de sufrir, te juro que no veía la hora de que tocara el timbre. No porque quisiera pelear (aunque me la banqué bastante bien, ¿te acordás Roly?), pero esa espera, ese final que nunca llegaba, fue lo peor. Bueno, con esto del apocalipsis pasa lo mismo. Desde que éramos chicos nos vienen diciendo «ya viene, ya viene». Que venga de una vez y vemos cómo nos arreglamos, pero así, esperando la piña en la nuca, no se puede vivir.

El otro día, el viejo Florentino dijo que «ya estamos viviendo en apocalipsis, los jinetes andan rondando» … es medio raro el viejo, para mí, quedó medio colifa de tanto leer. ¿Sabías que el tipo estuvo muchos años allá, en Oriente, cerca del Mar Muerto? Parece que estudiaba unos pergaminos enrollados que encontraron en unas cuevas (esquivando las balas, seguramente, porque por allá hace años que se están matando). No sé bien qué carajos significa lo que dijo…yo no veo un apocalipsis. Sí, sí…ya sé que a lo mejor se refería al virus, pero me parece medio exagerado. No debe haber hecho mucha guita con esas investigaciones. Siempre anda con la misma pilcha, debe vivir a café con leche y sanguchitos. ¿Viste como mira el jamón crudo?, me da lástima, se le ven las ganas en los ojos. A veces le hago probar un pedacito, para que se saque las ganas, pero nunca compró ni cien gramos. Mirá que hace años que viene, siempre lo mismo, doscientos de cocido, doscientos de queso.

No, no le pregunté más, a veces se pone a hablar de religión y de la llegada del hijo de un hombre, qué sé yo. Florentino también anda obsesionado con el fin del mundo, y ya te dije que estoy harto del tema. Cuando éramos pibes nos hinchaban la cabeza con la bomba atómica ¿te acordás de la bomba atómica?, que los rusos y los yanquis iban a hacer volar todo, que algún boludo se iba a quedar dormido sobre el botón rojo. Las pesadillas que tuve con eso, no te imaginás. Soñaba con gente quemada una vez por semana, más o menos.

Después, empezaron con la rebelión de las máquinas, para colmo me acuerdo del estreno de Terminator, lo vi en el cine…ah, vos también, y, sí…en esa época íbamos todos al cine. Estaba buena la peli, pero desde esos días, los loquitos del fin del mundo desconfiaban hasta de las aspiradoras, el «enano chupatierra» de Berugo era el enemigo. Que manga de tarados. Yo entiendo que quieran romper todo cuando rajan a la gente de las fábricas para meter robots, pero tenerle miedo a una computadora, a un lavarropas. Cuando las licuadoras y los ventiladores aprendan a manejar un bufo y anden choreando por las calles me voy a preocupar, pero por ahora ninguna máquina me busca roña. Pasó algo parecido cuando se estrenó la película de los dinosaurios. Salieron tipos con guardapolvos, con caras de serios, a decir que, con una gotita de sangre sacada de la panza de los mosquitos, las sanguijuelas o los murciélagos prehistóricos se podría revivir a los dinosaurios y, por supuesto, algo iba a salir mal y los lagartos gigantes nos iban a morfar a todos. Esos mosquitos de antes deben haber sido enormes. Para perforar el cuero de los dinosaurios deben haber tenido taladros en la jeta. ¿Te imaginás que revivan a los dinosaurios?, a mí que me morfe cualquiera, menos el tiranosaurio. Hay que ser muy gil para que te agarre ese bicho. No puede ni rascarse con esas manitos, si te agarra es porque sos medio nabo. Sí, sí…ya sé que te agarra con la boca, Roly, pero eso es lo que dicen, si tenía manos para algo las debería usar, la naturaleza no hace las cosas por capricho. Antes de opinar tenés que saber de ciencia, y volvete a poner el barbijo…che…tiranosaurio vegetariano.

Después empezó fuerte lo de la contaminación. Los ecologistas son un poco más serios, no es tan difícil, si nos quedamos sin agua nos morimos. No hay muchas vueltas. También nos estamos cocinando un poquito más cada verano. ¿Te acordás el año pasado que te dormiste una siesta ahí, en el puesto? Dos horitas abajo del sol con los lentes oscuros puestos…qué manera de reírnos, eras un mapache, mudo. Debo tener alguna foto guardada en el celu. No te toqués la cara, dejate…dejate.

Mi vieja hablaba de Nostradamus, que era un jorobado de Francia…Si Roly, un jorobado…Nostradamus, uno que tocaba las campanas. No te entiendo, ¿Qué hacés?, no te hagas el tonto. Escuchame, ese tipo escribió libros donde parece que decía cosas del futuro. Todo mal, el futuro siempre es una porquería, y mientras más lejos, peor…más jodido, total al que lo dice no le toca. No tiró ni una optimista, más que predecir el futuro parece que nos tenía bronca. Después vino eso del 2000, de las computadoras que se volvían locas y, en el 2012 los de los mayas, que se olvidaron de dibujar una parte del almanaque y todos se creyeron que, por no haber más almanaque, no había más días.

A veces, me parece que nos criaron con el apocalipsis viniendo, con la amenaza de todos los días, para que no tengamos miedo, para que nos acostumbremos. Eso sí, mi vieja me hacía ahorrar, me hinchó para que terminara la escuela. Con la herencia del abuelo nos hizo comprar el terreno de lo que hoy es mi casa. Siempre pensando en el futuro, «hay que sacrificarse hoy para tener futuro», decía. Al mismo tiempo, se pasaba el día escuchando la radio, siempre preocupada, cada dos o tres noticias largaba «este mundo está perdido». Me daba una bronca cuando decía eso…nunca le dije nada, era mi vieja, pero tenía ganas de agarrar los ahorros, comprarme la moto y largar a la mierda la escuela para dedicarme a viajar. Cuando éramos pibes se podía hacer dedo. ¿Vos hacías dedo, mudo? Qué mala suerte para el que te levantaba, muy conversador no sos… pará Roly…no te enojes, es broma, no seas calentón.

Ahora, con este virus, no viajamos más, olvidate. No sé si se va acabar el mundo, pero el embole va a hacer destrozos. Los que no se mueran por el virus y zafen del hambre, se van a morir de aburrimiento. Menos viajes, menos fiestas, menos besos…porque con esos barbijos no levanta nadie Roly, nadie.

Acomodate el barbijo que viene gente…no te lo toqués más, qué tipo inquieto que sos. Mirá, hablando de Roma…

– Buenas Don Florentino ¿lo de siempre?

– No pibe, dame jamón crudo, de ese…

– ¿En serio?, ese es importado, es carísimo.

– Dame medio kilo, rápido.

– Si usted lo dice…

– No te demores.

– No, ya mismo… ¿Qué pasó, Roly?, subite el barbijo. ¿Dónde vas? Se debe haber acordado de algo urgente, aparte de mudo…loco. ¿Usted está bien Florentino? Lo veo medio pálido. Con esto del virus hay que cuidarse. Tiene que ponerse barbijo.

– Estoy bien.

– ¿Y ese ruido?, ¿qué son?, ¿sirenas, trompetas?, ¿habrá alguna protesta?

– Son trompetas. Apurate con el jamón crudo pibe…apurate.