CANCION: COMFORTABLY NUMB

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La canción comienza con un despertar en medio de la asfixia, luego todo se calma y volvemos al mareo que embota la mente antes del sueño. No hay donde correr, no hay gritos que alcancen, el pánico explota adentro, en las tripas. Ya no hay búsqueda, existir se reduce a seguir respirando, a buscar un motivo para no regresar a la asfixia, inhalar, exhalar, solo un poco más. Quizá recordar al niño que dejamos atrás, el que se quedó con la risa, con la felicidad.

Ahora la canción decanta en un mar sereno, de colores, somos buzos en una lámpara de lava, todo parece partido a la mitad, ni despiertos ni dormidos, en una vigilia caleidoscópica la sangre corre con más lentitud, pero las exhalaciones se transforman en suspiros. Preguntas sin respuestas, solo ecos crueles que evidencian una profunda soledad, la voz es un sonido apenas perceptible y se pierde en la inmensidad interminable de lo desconocido, en el universo amenazante del que nos ocultamos desde que aprendimos a mirar como hombres. Estamos lejos y las formas del mundo se hacen difusas, dejan de ser amigables a la mirada humana y ya no pueden nombrarse.

La desesperación ha perdido su fuerza, ahora la angustia se apoderado de todo, y domina a las percepciones, confunde lo ilusorio y lo real, pero ya no importa, el desconcierto deja de asustarnos. El tiempo parece palpable, y es áspero. Ahora la angustia también empieza a mutar.

Creemos que la canción va a terminar pero solo se atenúa y se transforma en un hilo filoso, que reverbera y advierte. Caminamos lento y por fin llegamos a los abismos de la existencia, al borde de ese universo aplastante. Y volvemos a preguntarnos si vale la pena inhalar, si el esfuerzo de la próxima exhalación tiene algún motivo que lo justifique. Y caminamos hacia el precipicio, y el corazón golpea contra las costillas, duele, por fin algo duele. Y damos un paso más y el piso se hace aire. Y comienza el solo de guitarra y volamos o caemos a ningún lado, en un abismo luminoso y sin final. Y la risa del niño nos llena de aire. Ya no hay rastros de angustia, retumban los recuerdos pero no punzan, no hay sangre ni pena, solo éxtasis, el aire tiene sabores, no debemos esforzarnos, solo resta abrir los brazos, sin preguntas, sin dudas, sin preocuparnos en descubrir si bajamos o subimos, sin distinguir la caída del vuelo.

Y llega el final, es abrupto, algo se quiebra y seguramente despertaremos, o quizá por fin dejaremos esta extraña lucidez.
Solo sabemos que la vigilia ha terminado.

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Mariano

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