ESTANTES VACIOS

Y llegó el Tsunami, pero sin estruendo ni agua. La debacle del panadero se apareció bajo el manto cruel con el que el destino suele cubrir sus bromas. Tuvo que dejar la silla y abandonar la panadería, su apocalipsis personal estaba cerca, pero no lo había notado.

Un zarandeo del mercado llenó la zona de panaderías pequeñas, de producción veloz, medialunas de fórmula y precios bajísimos. La mano invisible de Adam Smith le dio un puñetazo y lo dejó sin aire, a él y a su panadería.

Cada integrante de la familia se las ha arreglado para subsistir, pero él todavía espera sentado frente a una mesa de madera que todavía tiene harina en sus rajaduras. Solo sabe amasar.

Hace un rato se quitó el delantal y hace unos días apagó los hornos para siempre. El viento de otoño que entra por un ventiluz le provoca escalofríos, no recuerda haber sentido esa sensación en aquel lugar de calor permanente. Se le confunden las percepciones, no sabe si enojarse o gritar de horror, no sabe nada.

Cierra la panadería, mira los estantes vacíos y sale a la calle. No tiene ganas de descansar, solo quiere caminar, ni siquiera está buscando algo, no sabe que buscar, solo camina…

Please like & share:
Mariano

About Mariano

Deja un comentario