EL CRISTO DE CECILIA

Preparó los colores en la paleta, comparó tonos y tomó aire. Unos segundos después, Cecilia Giménez, comenzó su trabajo de restauración.

Hoy los restauradores profesionales, los académicos, los críticos de arte y muchos artistas elevan las voces indignadas. Resulta que el trabajo de Cecilia fue un desastre.

La obra fue vista por más gente en un par de días que durante toda su existencia, y las visitas a la Iglesia del Santuario de la Misericordia se multiplicaron tanto que hay que organizar por turnos el ingreso de gente. Cecilia Giménez debió ser asistida por médicos, la euforia y el movimiento que generó su intento de restauración la sumieron en un cuadro de ansiedad peligroso.

El Cristo de Cecilia ha perdido los rasgos de hombre y se ha transformado en una expresión, es pura expresión.  Ya no tiene la corona de espinas, ni barba. Su nariz se reduce a una línea con dos agujeros y ni siquiera le han quedado pestañas. Cecilia se deshizo de los detalles y solo dejó la expresión. Quizá, sin pretenderlo, efectuó una restauración digna del expresionismo.Se burlan los ocasionales visitantes, se indignan los restauradores, pero el Cristo de Cecilia sigue mirando al cielo, con una mirada más potente que la obra original, con pupilas refulgentes en el vacío oscuro, desolador,  de la cavidad ocular. Ahora tiene la boca abierta, quizá su costado humano intenta defenderse, gritar algo mientras Pilatos lo condena, o tal vez solo suspira, esperando, con paciencia celestial, el fin del sufrimiento y la concreción de la profecía de salvación.

El Cristo de Cecilia no deja de ser Cristo, no deja de ser humano, no deja de ser divino. Quieren taparlo con una foto del original, una reproducción mecánica. Se avergüenzan de la interpretación de Cecilia, le recriminan sus carencias técnicas, pero nadie opina acerca de la esencia de la obra, nadie se atrevería a poner en duda la devoción de Cecilia.

Seguramente la obra será restaurada por profesionales, con elementos técnicos y tecnológicos mas apropiados para hacer perdurar, casi como un capricho, lo que no se pensó perdurable. Tal vez la obra intervenida por restauradores, quede materialmente “más igual” al original perdido, pero es en vano, nunca será el original.No fue Cecilia quien terminó con el original. El tiempo, la muerte, la historia hicieron desvanecer los  significados iniciales de la obra y los ocultaron para siempre de nosotros. Cecilia interpretó la obra, tal como lo haría un restaurador. Pero ella no intentó imitar lo inimitable, su inocencia la condenó y ahora recibe burlas, no comprendío que debía engañarnos.

 

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Mariano

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