EL COWBOY GORDO

William Munny (Clint Eastwood) entra al bar con una escopeta que olvidó cargar. Entra para matar, como en los viejos tiempos, pero esta vez tiembla, sabe que puede morir y al mismo tiempo lo asquea pensar en todo lo que los muertos plantarán en su alma arruinada. Tras un par de palabras se inicia el tiroteo. Munny dispara sin dudar, sin piedad. El comisario (Gene Hackman), su enemigo, ya está en el piso y los demás hombres de la ley disparan mal y mueren, algunos intentan huir, pero terminan con una bala en la espalda.

El detalle es fugaz, en medio del tiroteo, un hombre del comisario, un cowboy gordo, parece disparar con torpeza. Cuando se enfrenta a la mirada de Munny retrocede y dispara al techo. Está aterrorizado, son muchos hombres contra uno, pero ese cowboy es una muestra genial de la épica de far west hecha añicos por la película. Cada vez que disfruto de “Los Imperdonables” me pregunto lo mismo, ¿fue el director (Clint Eastwood) quién le dijo a ese actor más que secundario como debía realizar esa acción ínfima? Todavía no puedo saberlo, pero esos tres segundos resumen aquello que nos enrostra la película durante toda la trama: La muerte da miedo, las balas duelen y matar no es tan simple.

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Mariano

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