LA CIENCIA EN UNA LECHUGA

La penicilina, la imprenta, la utilización de la electricidad, internet, la teoría de la evolución…si, que sé yo, son avances innegables de la humanidad, no lo voy a poner en duda. Admito que tengo que pensarlo, necesito abrir el pensamiento y meterme a presión un par de fundamentos para convencerme de que son inventos útiles, pero tengo que hacer un ejercicio de imaginación y trasladarme a una vida sin medicamentos, sin publicaciones, sin luz, sin la web…sin conocimiento sobre nuestro teórico pasado simio.

El problema es que mi mundo vino con todas estas maravillas incluidas y no aprendí a disfrutarlas, y no tengo intenciones de probar las maravillas de los estudios de Pasteur contagiándome Tuberculosis; ni de poner en valor los avances tecnológicos dejando de lado la luz, los libros o la pornografía en internet. Sobre la importancia de la teoría de Darwin prefiero ni imaginar los métodos de indagación personal, ya demasiado me choca ver las reacciones de los mandriles cuando los chicos frotan monedas frente a sus jaulas.(*)

Sin embargo, creo haber encontrado un implemento tecnológico admirable, revolucionario y modesto.  Ni la física cuántica y sus incertidumbres nietzscheanas, ni el desarrollo atómico o los avances en miniaturización de microchips pueden competir, en mi rutina, con el secador de ensaladas.

Es simple, fuerza centrífuga y hambre. El secador de ensaladas es un salto de perfección, un procesador de alimentos reducido a un bol giratorio, la revolución de la cultura alimentaria. Un invento en el que se pone de manifiesto la fuerza de atracción que gobierna al universo. Si hay un ser supremo, pensó en el universo, en las galaxias, en los planetas y en el secador de ensaladas. El big bang, el origen del cosmos y la física de micropartículas aplicadas al secado casi instantáneo de Rúcula, radicheta, escarola, lechuga, albahaca o espinaca.

Soy la generación del secador de ensaladas, yo como yuyo seco,  congelo yuyo sin temor a que se escarche. Tengo el secador de ensaladas y cuando giro la manivela me siento el hacedor supremo, dominando a las estrellas, dirigiendo la danza estelar y secando bien la lechuga criolla que viene con una mugre que no se puede creer.

No sé quién patentó este artilugio de los sueños, yo lo encontré en un super chino y mi vida cotidiana ha cambiado No desmerezco a a Gutemberg, a Pasteur, a Darwin, a Tesla, ni siquiera desprecio al insoportable de Bill Gates, no, pero si tengo que elegir a quien gritar mi agradecimiento no lo dudaría, mis gracias van al creador de este koinnor de las hojas verdes…a los demás, a los genios lejanos, los invito a comer la mejor ensalada que hayan probado en sus estudiosas vidas.

ensalada

 

(*) El mito popular expresa que si alguien frota dos monedas frente a los mandriles, estos se verán impulsados a realizar prácticas onanistas de modo frenético. (véase investigaciones de Dr. Rich)
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Mariano

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