EL COMPLEJO

Falta Envido, Radio EME

Columna Literaria

 

En ocasiones, algunas preguntas retorcidas, que parecen exigir respuestas surgidas de reflexiones que arrugan frentes, se desvanecen con una patada de sencillez. De vez en cuando parece necesario detener a la reflexión y  si es posible, anularla a golpes de chifladura.

Siempre me pregunte que define a un escritor, quien lo legitiman…

¿Los medios, las academias, las asociaciones. Otros escritores, la crítica, las ventas, los concursos, las publicaciones?

Hay escritores que no fueron publicados en vida (Franz Kafka), hay escritores despreciados por la academia (Osvaldo Soriano), hay escritores denigrados por la crítica (Roberto Arlt), hay escritores de muchas obras y escritores de una obra escueta. (Juan Rulfo, Salinger).

Y otros, muchos, que jamás ganaron un centavo, que no se presentaron a concursos ni supieron lo que era un taller Literario.

Entonces:

Las poesías secretas de un vecino de Esmeralda, de Laguna Paiva. Las historias escritas de alguna maestra de Arroyo Aguiar, de un pibe de Suardi, de una abuela Mugeta ¿Son obras de escritores? No lo sé.

Esta es una discusión que toda persona adepta a la literatura tiene permanentemente con otros escritores (o con sus fantasmas). Yo nunca me acepté como “escritor”, siempre cargue con ese complejo. Escritores son otros, grandes y admirados, no yo.

Hace unos días estaba pensando en el tema a tratar…me interrumpió un sonido, no fueron las ideas ni las musas haciendo ruido. Una mampara de vidrio explotó cerca de mi hijo Joaquín (8 años, el mayor) y la lluvia de vidrio resultó en algunos rasguños menores y un corte en el hombre que debió ser suturado. Nada grave, un susto.  Joaquín lo tomó con calma, se tragó el terror y disimuló la impresión.  A uno metros, Lautaro (6 años, el menor) no ocultó los gritos y la desesperación.

Es así la cosa, el menor  no se guarda nada, es un enano de saludable expresión; Joaquín, en cambio, es una maquinaria compleja de procesos internos, secretos. El sufrimiento es para adentro, la alegría para afuera. Puta herencia paterna.

En el hospital esperamos nuestro turno. Todos los acompañantes intentábamos apaciguar temores que Joaquín no manifestaba. Le explicamos procedimientos de sutura inofensivos y le hablamos de las maravillas de la anestesia, pero él recriminó la eficacia de una metáfora anterior, la que refiere a la vacuna y el mosquito, nos dijo: “la vacuna es como un mosquito, sí, pero enorme y radioactivo” desde ese momento dejamos de decir boludeces.

Van cuatro párrafos sin hablar del agudo problema de aceptarse escritor. No importa. En breve se procederá a hacer el correspondiente enlace.

Comenzó la sutura, el médico con el viejo argumento de “no me vas a llorar campeón”…para no perder el control sobre el pibe y yo contradiciendo al tipo de blanco: “llorá joaco, llorá…si te duele llorá”. Y se tapó la cara con su remera y porfiado, no le mostró ni una lagrima al mundo. Fracasé en el intento por corregir en él las idioteces que me caracterizan a mí.

Salió con los ojos hinchados, pero con una calma aparente. Me sentí orgulloso, no de su porfía en evitar el llanto sino de su resolución: nada de esquivar, nada de vaguedades, basta de joder con mosquitos y vacunas.

Se termina la anécdota. Un turno de guardia, olor a desinfectante. Nada de elucubraciones literarias.

El medico nos tomó los datos y me lanzó a pregunta habitual: ¿Profesión? No tuve tiempo para responder, estaba listo para decir lo de siempre, lo que respondo en hoteles y encuestas, lo que anoto en todos los formularios. Respondió Joaquín, y dijo lo que nunca dije: “Es escritor, y escribe libros”. Intenté aclarar, esquivar con vaguedades, pero él, que había caminado de frente hacia la sutura, anuló mis balbuceos al repetir “pero es escritor”. El medico anotó “escritor”….Joaquín no le dio espacio a la duda.

Me lo tiró por la cabeza, mi hijo me transformó en escritor. En su imaginario infantil no soy un superheroe, ni un villano, ni un ejemplo, ni un ídolo, ni siquiera algo que él querría ser. Se esforzó para conformar la imagen de algo difícil: un escritor. Lo entendió y además se sintió orgulloso como para decirlo con ganas.

El problema cambió, antes escribía, era un tipo que escribe, pero el día de la mampara rota, también se hicieron pedazos los prejuicios semánticos, los miedos, los rebordes tontos de la literatura. No puedo traicionar un orgullo tan elaborado, quedó grabado en el ingreso del hospital, ya no puedo dejar de ser escritor, podré no decirlo, pero no puedo negarlo.

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Algunos libros sobre el acto de Escribir

– Sthepen King “Mientras Escribo”.
– Abelardo Castillo “Ser Escritor” (recopilación)
– Italo Calvino “Los libros de los Otros”.
– “¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?” de Charles Bukowski

Y muchos consejos, decálogos y reflexiones de autores como Horacio Quiroga, Anton Chejov, Cortázar, Borges, Ernest Hemingway, Guy de Maupassant (muy accesibles en la web).

 

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Mariano

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